¡Qué tal! Vuelvo a estar con ustedes, lo cual
aunque me alegra también me cuesta un poco de trabajo comenzar a escribir. Esta
vez quisiera exteriorizar mis miedos hablando del tema que, seguramente, será
el más recurrente del semestre en este blog y en mi cabeza durante bastante
tiempo más: la tesis, la temible tesis.
Y digo “temible” porque considero que es así como se ha configurado en el imaginario colectivo (entendiéndose éste como la mayoría de los estudiantes candidatos a tesistas) y verdaderamente creo que es una pena porque debería ser algo que debiera disfrutarse desde el principio y cuando menos para mí no está siendo así.
El aspecto que en este momento más temo es también el central: el tema. En principio en mi vida personal suelo ser bastante indecisa y tratándose de temas de tal importancia esta tendencia mía parece exacerbarse, es por ello que no he podido tomar una decisión.
Sé que tengo el tiempo encima y que por tanto
debería decidir siendo absolutamente práctica y considerar la tesis sólo como
un trabajo de investigación más, sí el más importante pero tampoco algo que
definirá mi vida porque de lo contrario, podría seguir pensando por días y
hasta meses, varios meses más y no tomar una decisión que terminara de
convencerme.
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