El clientelismo es una forma de dominación basada en las diferencias de poder y en las desigualdad de los actores políticos y sociales, así como en la generación de expectativas y de la idea de que los ciudadanos se encuentran indefensos y que, por tanto, necesitan que el Estado los provea bienes; provocando una relación de dependencia entre éste y aquéllos. Lo cual también le brinda a los encargados de dirigir el Estado la oportunidad de ejercer control sobre los ciudadanos.
Bajo esta lógica de relaciones clientelares, en la que a los ciudadanos se les ve como clientes o súbditos, a los políticos no les interesa el ciudadano per se, sino sólo en la medida en que pueden beneficiarse de ellos, obteniendo su apoyo en sus carreras políticas y, por consiguiente, para seguir manteniendo el poder. El clientelismo también es utilizado con frecuencia para desviar recursos públicos.
Este elemento no sólo es, lamentablemente, una característica básica del sistema político mexicano sino que es también de crucial importancia en su funcionamiento, ya que actúa como producto del mismo tanto como insumo, esto es que permite el mantenimiento y la supervivencia del propio sistema.
Si bien en todo momento es importante tener presente la lógica bajo la cual funciona nuestro sistema político lo es más en una época como la que estamos viviendo, una época electoral caracterizada por una lucha encarnecida por parte de los partidos políticos para lograr llegar el poder a toda costa.
Muestra de ello es la ya bien conocida práctica utilizada por los políticos mexicanos, y claro auspiciada por sus partidos, de ofrecer una serie de bienes materiales como cemento, despensas, etc. a cambio del voto de los ciudadanos. En ese proceso, el cliente -ciudadano- se siente comprometido personalmente con el político pues considera que el beneficio obtenido es producto de la bondad del personaje político y en gratitud le otorga su voto, su asistencia presencia en los mítines y actos de campaña y su asistencia a movilizaciones.
Un elemento teórico que podemos corroborar con este tipo de ejemplos es el uso político que se le da a la pobreza y debido al cual los políticos no hacen mucho por que tal condición se modifique dado que a ellos les resulta más benéfico que gran parte de ha población mexicana viva así, creándose pues un círculo vicioso. Además implica el uso de recursos públicos con fines privados lo que sin duda lleva implícita una fuerte carga de corrupción.
He ahí pues un tema crucial en la reforma deL Estado mexicano y concretamente de su sistema político.
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