En teoría debí haber escrito ayer, sin embargo, me fue absolutamente imposible. De cualquier manera entendí que esta por ser una ocasión excepcional lo que importa es que entre la semana pasada y ésta tengamos las cuatro entradas en total.
Esta vez les quiero contar sobre el inicio de mis vacaciones. Pues ayer muy temprano, a las 6 de la mañana, salimos de la Ciudad de México, nuestro destino: Puerto Escondido. La idea era llegar como a las 4 de la tarde pero... sólo fue un plan porque en realidad estábamos llegando al hotel hasta las 10 de la noche. El retraso se debió a que, a dos horas de llegar, muy cerca de mi pueblo Jamiltepec, una llanta se nos ponchó. Avanzamos así lo más que pudimos para encontrar una vulcanizadora pero fue en vano porque dado que era domingo en la tarde, el día que hasta Dios descansó, todo estaba cerrado.
Entonces, tomamos la decisión de cambiar la llanta nosotros, sobra decir que nos llevamos horas. En principio porque el gato que traíamos no era suficiente para cargar el carro y tuvimos que casi, casi recorrer la cuadra en la que nos quedamos pidiendo de casa en casa uno, hasta que alguien se apiadó de nosotros y nos lo prestó, aunque tampoco era muy grande, hicimos “changuitos” para que aguantara nuestro carro (por suerte, funcionó nuestra técnica esotérica). Si a eso le sumamos que el sol y el calor eran inclementes, al grado que lo caliente del suelo atravesaba los zapatos y era un martirio permanecer de pie, se podrán dar una idea de todo el tiempo que nos implicó cambiar la dichosa llanta.
Al fin lo logramos y reanudamos el camino. El colmo fue que 10 minutos después, antes de salir de Pinotepa Nacional nos encontramos una vulcanizadora (¡después de todo nuestro trabajo!), pero pues ya estando ahí decidimos que “el experto” revisara nuestras llantas y si lo que habíamos hecho estaba bien. Eso nos quitó bastante tiempo más pero ya absolutamente seguros, continuamos.
Como a 30 minutos de ahí, está mi casa (y la de quien esto lea), para entonces ya moríamos de hambre, así que decidimos pasar a saludar a mis papás y comer, estuvimos como un par de horas para luego salir hacia nuestro destino final. Llegamos al hotel minutos antes de las 10 de la noche, nos instalamos, salimos a cenar -tlayudas-, volvimos y fue entonces cuando comencé a escribir esta entrada para luego darme cuenta de que en el hotel ninguna de las redes me permitía conectarme, pregunté y para mi mala suerte me dijeron que la conexión a internet en todo el Puerto estaba teniendo problemas. Fue hasta hoy a esta hora que apenas pude conectarme.
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